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El agua en la nueva Constitución del Ecuador: patrimonio estratégico y derecho humano
Por Dennis García - Foro de los Recursos Hídricos, Ecuador
Las culturas originarias de América consideraban sagrada a la tierra, a los montes y al agua. Creían que los seres humanos eran familia de todo lo que nace, crece, muere y renace. Casi todos sus mitos de creación relatan que las personas somos hijas del agua. Antes de la conquista española de América, en el siglo trece, un italiano de Asis tuvo la osadía de llamar hermanos al sol, a la luna y al agua, y llamó madre a la tierra. Por esa osadía la inquisición episcopal estuvo a punto de declararlo hereje, pero el destino quiso que luego fuera declarado santo. Los indios de América no corrieron la misma suerte, los conquistadores establecieron que llamar padre al sol, madre a la tierra y al agua, y considerase parte de la naturaleza, como los animales y las plantas era expresión de idolatría. Ellos pagaron su creencia con esclavitud, tortura y muerte.
En el mes de mayo de este año de 2008, en la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador, se analizaba uno de los temas que más discusión causó y que a momentos llegó a fracturar incluso al partido del presidente Correa: el derecho al agua. Un asambleísta defensor del libre mercado llevó a un equipo de asesores expertos en el tema. Un experto inició su exposición con una pregunta: «¿Saben ustedes por qué las ballenas están en vías de extinción y las vacas no?». Ante tan insólita pregunta, los asambleistas guardaron silencio. Entonces el experto lanzó la «sencilla» respuesta: «Porque las ballenas no tienen dueño y las vacas sí».
Parece que los teóricos del mercado caminan en sentido contrario a la inteligencia. No de otra manera se explica la estupidez desmesurada que esa pregunta encierra. La lógica extractiva del mercado no solo aniquila las ballenas, el atún, el camarón, los manglares, los bosques, todo lo que toca; sino que envenena el aire, las personas y el suelo. La Texaco en 26 años de operación petrolera derramó más de 30 mil millones de galones de crudo en la Amazonía ecuatoriana y aún no paga su delito. Las grandes empresas agrícolas aún fumigan sus cultivos con químicos prohibidos en el primer mundo. La Coca Cola zero, nueva novedad del mercado, utiliza en el tercer mundo edulcorantes prohibidos en Estados Unidos.
Esta política de mercantilizar todo ha significado exclusión, inequidad, enriquecimiento de pocos y empobrecimiento de muchos. Amartya Sen, premio Nobel de economía, sostiene que la desigualdad en la distribución de los ingresos entre el 20 % más rico y el 20 % más pobre pasó de 30 a 1, en 1960, a 74 a 1 en 1997. En el 2006 el 10% más rico tenía el 85% del capital mundial, mientras la mitad de la población del planeta solo tenía el 1%. Han pasado largos años en que la ética y la economía no han podido abrazarse.
Esta inequidad es una de las razones fundamentales por las que, en nuestros días, la política neoliberal colapsa estrepitosamente. Una señal clara del colapso es que el país que más la ha impulsado procesos de privatización, ahora acuda al Estado para evitar la quiebra masiva de la banca. Esto explica también que este mismo país, tradicionalmente violento y racista haya electo a un negro en sus últimas elecciones. El desastre se ha difundido en el patio trasero de su casa, donde impulsaron con más fuerza sus propuestas, donde los pueblos eligen en los últimos años presidentes que proponen que otra sociedad es posible: Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Honduras, apostaron por salidas diferentes. Y en los primeros meses del próximo año a esta lista se sumará El Salvador, donde las fuerzas progresistas aventajan a una de las más crueles derechas del continente con más del 18% de las preferencias.
La pregunta que los expertos hicieron en la Asamblea Nacional Constituyente encierra toda la propuesta que durante los últimos veinte años han tratado de vendernos sin el menor recato: el agua tiene que ingresar en el mercado. Debe convertirse en mercancía, debe tener dueño, para que –supuestamente– no sucumba como las ballenas.
Factores que permitieron una nueva propuesta sobre el agua
en la Constitución
En el caso de Ecuador son seis los factores que permitieron que en la nueva Constitución se frenara las propuestas privatizadoras:
En primer lugar los foros y las plataformas mundiales que han logrado establecer una creciente conciencia mundial sobre el rol estratégico del agua para la vida de las personas y la naturaleza. Sería largo enumerar los foros y declaraciones que desde 1980 se han realizado en el mundo, impulsados por las propias Naciones Unidas y por plataformas sociales. Todas esas propuestas han reivindicado el derecho al agua, la necesidad de su gestión pública, la necesidad de una relación más armónica con la naturaleza; han denunciado los peligros de la privatización de los servicios de agua y han alertando sobre los riesgos de las grandes represas.
Permítanme mencionar especialmente al Contrato Mundial del Agua en su capítulo italiano. Cuando en la Asamblea Constituyente del Ecuador la disputa en torno a la gestión pública del agua era muy dura, pedimos apoyo a nuestros compañeros italianos y ellos nos enviaron material de consulta que fue fundamental en nuestras argumentaciones. Por ello, algunas de las palabras que hoy constan en nuestra Constitución pertenecen a Emilio Molinari, a Rosario Lembo, a Marco Iob, a Tomasso Fatori y a ACRA, que nos brindó un invalorable apoyo logístico e intelectual.
Un segundo factor muy importante fueron las luchas y logros de nuestro continente. De nuestros hermanos bolivianos aprendimos que sin organización y movilización son imposibles los sueños. De nuestros hermanos de Porto Alegre, en Brasil, aprendimos que es posible una gestión eficiente, equitativa, en armonía con la naturaleza. De nuestros hermanos uruguayos aprendimos que cambiar la Constitución y el marco legal era un sueño posible.
Un tercer factor fundamental ha sido la resistencia que el movimiento indígena y las organizaciones sociales han ejercido frente al modelo neoliberal. Efectivamente desde principios de los años 90 en Ecuador floreció un poderoso movimiento indígena que, a través de levantamientos nacionales, luchó contra distintas expresiones del modelo privatizador. Los movimientos sociales fueron claves para impedir la firma de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, para la expulsión de la multinacional OXI y para el derrocamiento de tres presidentes que respondían sumisamente a las políticas de los organismos multilaterales. Estos movimientos lograron incluir en la Constitución de 1998 algunas de sus reivindicaciones sociales, pero no tuvieron la visión suficiente para cuestionar el modelo económico. En este campo, la Constitución del 98 consolidó propuestas de tipo neoliberal y permitió, por ejemplo, la privatización del agua. Sin embargo, a partir de los primeros años de este nuevo milenio, la conciencia en torno a la importancia social, económica y cultural del agua ha crecido sostenidamente.
Un cuarto factor, imprescindible, fue la llegada al poder del presidente Rafael Correa. Una de sus propuestas de campaña fue convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para “refundar el país” y “salir de la larga noche neoliberal”. Para la segunda vuelta electoral Correa y miembros de su movimiento político realizaron un acercamiento a juntas de regantes y sistemas comunitarios de agua de consumo, que significan una importante masa electoral. En su programa de gobierno y en las concentraciones políticas el agua apareció como un aspecto estratégico de su próximo gobierno. Correa, que prometía cambios fundamentales en lo social y en lo económico, recibió un masivo apoyo y ganó las elecciones en noviembre de 2006.
Un quinto factor, también muy importante, fue contar con un núcleo significativo de asambleistas comprometidos. En las elecciones para asambleistas del 2007, el movimiento de gobierno logró contar con 80 de los 130 que conformaban la Asamblea. Pero a ellos, en determinados momentos, se sumaban asambleistas de partidos y movimientos progresistas, llegando a sumar más de 90 votos De esta manera, aunque dentro del bloque de gobierno hubo desacuerdos sobre las propuestas del agua, un grupo comprometido de asambleistas de diversas tendencias políticas logró establecer los acuerdos fundamentales que finalmente se aprobaron.
Un sexto factor, igualmente importante, fue la presencia de plataformas especializadas en el agua. Desde el año 2000 se conformó en Ecuador un Foro Nacional de los Recursos Hídricos conformado por organizaciones sociales, de usuarios del agua, gobiernos locales, universidades, ONGs, entidades del Estado. Este Foro cuenta con mesas de trabajo locales en 17 de las 24 provincias del país y ha realizado cinco encuentros nacionales con una masiva convocatoria. Esta plataforma ha analizado la problemática del agua en el país y ha elaborado distintas propuestas para una gestión social participativa y sustentable. Por otro lado, en la ciudad de Guayaquil, donde el servicio de agua fue concesionado a la multinacional Bechtel, en los últimos años se ha fortalecido otra plataforma, el Observatorio Ciudadano, que se ha constituido en un baluarte en la defensa de los servicios públicos y en la lucha contra las irregularidades de la Bechtel.
Las propuestas argumentadas de estas plataformas fueron, según testimonios de los asambleistas, un factor fundamental para las propuestas del agua en la nueva Constitución. Estas, sumadas a las propuestas de los movimientos indígenas y sociales hicieron posible el logro de consensos.
El agua en la nueva Constitución del Ecuador
La nueva Constitución del Ecuador tiene 21 artículos donde se menciona explícitamente al agua. Seis son los principios fundamentales que se recogen en estos artículos:
1. Reconoce que la naturaleza tiene derechos y propone un modelo de desarrollo en armonía con la naturaleza y el ambiente. Esto permitirá la recuperación y cuidado de ecosistemas que son fundamentales para el ciclo del agua.
2. Se define al agua como un «patrimonio nacional estratégico de uso público» y, por lo tanto, «se prohíbe toda forma de privatización del agua».
3. Se reconoce que «el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable».
4. En consecuencia con los dos principios anteriores se dispone que «la gestión del agua será exclusivamente pública y comunitaria».
5. Se establece que habrá una sola autoridad del agua y se dictamina el siguiente orden de prioridad para su uso: «consumo humano, riego que garantice la soberanía alimentaria, caudal ecológico y actividades productivas».
6. Se «prohíbe el latifundio y la concentración de la tierra, así como el acaparamiento o privatización del agua y sus fuentes».
En sus disposiciones transitorias se establece además la aprobación en un plazo máximo de 360 días de una nueva ley de aguas, en la que ya estamos trabajando; la realización de una auditoría a las empresas privadas que prestan el servicio de agua potable y alcantarillado; se condonan las deudas de agua a los usuarios de agua de consumo en extrema pobreza y, finalmente, se establece la revisión de los permisos de uso y aprovechamiento de agua para riego, para «evitar el abuso y las inequidades».
El 28 de septiembre pasado el pueblo ecuatoriano acudió masivamente a las urnas y con un abrumador 64 % aprobó la nueva Constitución.
Esto provocó un efecto inmediato sobre las multinacionales: en Guayaquil, hasta el mes de agosto de 2008, casi 99 mil familias no habían podido pagar los costos del servicio de agua potable a la Bechtel y más de 32 mil familias tenían cortado el servicio. A principios de octubre la Bechtel, en un inusual gesto de generosidad, decidió que “perdona” las deudas a las familias que debían hasta 170 dólares. En días pasados esta misma multinaacional anunció su decisión de poner en venta el 90% de sus acciones. El Secretario Nacional del Agua replicó inmediatamente que, aunque lograra vender sus acciones, el comprador deberá responder por el resultado de las auditorías que se realizarán.
Un país que cuenta con una Constitución en la que se asignan derechos a la naturaleza, que durante siglos ha sido maltratada y destruida; en la que se establece que el agua es un patrimonio estratégico, ya no un bien o un recurso que puede ser apropiado, y que garantiza que el agua es un derecho humano fundamental e irrenunciable es un país que apuesta por la vida.
Aún así sabemos que hemos dado solo un paso, muy importante, pero solo un paso. Sabemos que la caminata continúa y que debemos transformar la Constitución en políticas públicas y en leyes. Sabemos que el poder económico y político nunca ha regalado nada, que lo que se consigue es el fruto de la vigilia, la organización y la lucha. Sabemos que no podemos continuar solos el camino, que la solidaridad es compañía y fuerza. Sabemos que debemos compartir nuestras experiencias y aprender de nuestros logros y fracasos. Sabemos que las consignas que corean las organizaciones sociales de América Latina siguen vigentes: «El agua no se vende, se cuida y se defiende», «Porque defendemos la vida, defendemos el agua». «Todos por el agua, el agua para todos».


